Por historia, por calidad, por jugadores, por puro respeto al propio fútbol en sí, no hay Mundial en el que la selección italiana no sea favorita. Da igual si no está en su mejor momento, o si no cuenta con jugadores de tan extrema calidad como en otras épocas. La propia presencia de la azurra en el campo ya infunde un temor a los rivales del que cuesta desprenderse en un primer momento. Y los italianos saben que esa es una de sus grandes bazas. Después...