Cuando has llegado tan lejos y te has quedado tan, tan cerca de la gloria, tener que jugar una final de consolación acaba siendo más un suplicio que un premio. Es cierto que el ganador quedará tercero y la historia lo reconocerá como tal. Pero ni Brasil ni Holanda están demasiado interesados en este encuentro, después de haber perdido la oportunidad de estar en la gran final de mañana, en el partido que todos quieren.